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El Poder de la Oración


Dios nos ha dejado instrucciones clara, sencillas y una de ellas es orar. Cuando no seguimos instrucciones dadas por Dios somos como Naamán, general del ejército sirio a quien Eliseo mandó a bañarse siete veces en el rio Jordán para sanar de la lepra. (2 Reyes 5:9-14.)

Ahora ocurre lo mismo, creemos tener mejores métodos que los de Dios y no seguimos sus instrucciones, dejamos la oración como último recurso, cuando es lo primero que deberíamos hacer. Frente a cualquier situación acudimos a todos y a todo menos doblar rodillas clamar y ayunar.

El Señor nos dice: que si nos acercamos y le pedimos, El nos enseñará. (Jeremías 33:3) Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.

Él nos revelará lo que está oculto, lo que no sabemos y nos ayudará a resolver a obtener lo bueno que deseamos.

Para Dios no hay nada difícil, nada imposible, todo es fácil y posible por eso es que Él da instrucciones fáciles, porque no conoce lo difícil.

Vale la pena darnos cuenta, que todo está en manos de Dios y que su instrucción ha sido que le clamemos porque nos escuchará.

La oración es el arma más efectiva y la más sencilla de usar. El obrará si le pedimos con humildad y fe.

La oración es más que hablar con nuestro Padre, es tener intimidad con El. Aprovechemos ese hermoso privilegio, ese regalo reconociendo que solo Él puede sustentarnos. Confiemos en quien cuida de nosotros y nos da paz.

Filipenses 4:6-7 promete: por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.

Jesús le pedía al Padre en todo tiempo, así que creer en la paternidad de Dios es fundamental para nuestra libertad.

No tenemos nada que perder y mucho que ganar al sentir el respaldo y consuelo de la oración.

Hay dos momentos durante la oración: 1ro. Desahogarnos, llorar y tranquilizarnos; las lágrimas no son la solución solo son un escape pero son necesarias para no ahogar la fe con la aflicción.

2do. En el momento de la oración, es creer con todo el corazón y dar gracias por lo que ya recibimos, aunque todavía no lo veamos realizado.

Gocémonos por lo que vendrá y digamos "Gracias Padre, creemos en Tu amor y estamos convencidos de que nos darás todo lo bueno que te hemos pedido". Amén.


 
 
 

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